sábado, 29 de marzo de 2008

La Legión argentina domó al desierto del Sahara.

 
 
Aunque se trate de desafíos con distancias interminables bajo las peores condiciones climáticas en remotos rincones del planeta, siempre hay un representante argentino para lucir la celeste y blanca. Así lo hicieron Marcelo De Bernardis al conquistar la medalla de bronce en el Maratón de las Islas Malvinas y su compatriota, la nadadora María Inés Mato, a quien la falta de una pierna no le impidió unir a pura brazada ambas islas por las gélidas aguas del Estrecho de San Carlos. Son dos ejemplos pero no los únicos ya que Sebastián Armenault; Luis Menéndez; Alex Foresti y Luis Barco fueron los cuatro embajadores criollos entre los 180 inscriptos de la décima edición del Ultramaratón del Sahara donde la primera semana de marzo corrieron 113 kilómetros por el desierto tunecino a lo largo de cuatro días en la que cargaron un camelback  con bebidas y barras energéticas como alimento. 
Considerada como una de las pruebas más difíciles del calendario internacional, la jornada inicial constó de casi 24 kilómetros sobre piedras sueltas como bienvenida para el doble reto del día siguiente donde enfrentaron unos 21 matinales con 35 grados y unos 8 nocturnos con una sensación térmica de dos grados bajo cero e iluminados por linternas de mineros y un destellador en la espalda. La tercera etapa fue la más extensa, 42 kilómetros con sólo dos puestos de abastecimiento mientras que, veinticuatro horas después, los despidieron con los últimos 27 en medio de una tormenta de arena que no dejaba ver nada que estuviese a más de tres metros de distancia. "Fue una experiencia tan exigente como inolvidable, después de un año de entrenamiento cumplí mi sueño, se lo dedico a  Fely y Justi mis hijas; a Caro mi mujer; y a Cata y Luky,  porque me bancaron en todo momento y cuando las fuerzas escaseaban, pensaba en ellos cinco y seguía adelante", sostuvo Armenault, gerente regional de ventas de Cross Fone, compañía telefónica que, junto a la indumentaria deportiva Kappa y la bebida isotónica Gatorade, apoyó esta gesta deportiva.
 
En su diálogo con El Depornauta, afirmó que "el viento soplaba a más de 60 kilómetros por hora y había que utilizar antiparras y capuchas para protegerse de la tormenta de arena en las que la temperatura descendía quince grados". Las recomendaciones del hombre de hierro Foresti no fueron en vano. "Alex ya completó dos ediciones anteriores, conoce cada piedra y granito de arena como si fuese el jardín de la casa, nos transmitió su experiencia que fue de gran ayuda en el aspecto técnico pero también para tranquilizarnos frente a un terreno y un clima desconocido", le explicó a nuestro editor, Fernando Horowitz. Tras su entrenamiento sabatino frente en los porteños bosques de Palermo con sus compañeros del equipo que dirige el profesor Marcelo Linck, Armenault consideró que, al igual que todo ámbito de la vida, todo depende del esfuerzo individual pero el secreto está en el núcleo con el que se rodea. "Agradezco el apoyo incondicional de Lilla , Fede y Zoe; Esteban, Guada, Trini y Valen;  Nico y Sonia, mis amigos  Martín; Emilio; El Armenio; Peque; Nani y Pipi; Marcelo; Chuchu; Delfi y Gianlu y mis tres co-equipers en esta aventura", se despidió este auténtico domador de dunas.

Fuente : http://www.eldepornauta.com.ar

 

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